lunes, junio 30, 2008
Zigzagueante (Chiro por el estridentismo)
La tarde en este parque se desmorona sola,
sola crispa sus dientes de azulada mordida;
con sus tripas cirrosas muele ojos de paloma.
Con la sangre asoleada salió a morir el día.
El báculo inmaduro de un péndulo crispado
atronante pertrecha sus insectos veloces,
copula zigzagueante en vías leguminosas
y asonante despeña su cruel cacofonía.
De la calle perlada por trémulos caminos
una llaga espantada habita en los costados;
el vecino asustado mordió sus alas grises
y la cúpula virgen del cielo se incendiaba.
Todos los serpenteantes poderes de la carne
se pudrían en las cuevas del piloto encendido
y el peso que imposible sostiene el verde suelo
se aposta en su saliva de fulgor clorofílico.
Si Manuel Maples Arce sus pianos incendiaba
sus lenguas endiabladas el fuego consumían,
su santa irreverencia asustaba campanas
y sus ropas silentes imágenes podían.
Con cuchillos dolientes sangraban notas rosas,
chillidos diletantes de violines molidos:
arpas, notas, corcheas, vibratos arrancaban
y sus dientes mascaban reptantes melodías.
Los moles enchilados transitaban sus venas,
mortales guajolotes sacudían sus cabezas
cual santos cancerberos de imposibles excusas
envueltos en sabrosas tortillas martillantes.
Rómpanse los cristales chirriantes de la sala
que los susurros digan sus volutas cansadas
que los cigarros prendan sus lámparas mortuorias
y que la sinrazón tiña de sol las sábanas.
Vivan los manifiestos oscuros de razones
que la sola presencia del suelo en las cabezas
susciten, desestimen, desacralicen piezas
y que las voluntades de vivir nos subsistan.
Por Ricardo Medrano Torres
Encuentro de albureros organizado por la UACM
Chiro artículo de Othón Lara Klahr publicado en La Jornada, acerca del 2º Encuentro Nacional de Albureros organizado por la UACM y en el cual participó nuestro entrañable Primo Mendoza, carnal de doble nacionalidad: tepiteño y necense.
Vaya pues.
Hoy y mañana prosigue el segundo encuentro de albureros organizado por la UACM
En el barrio de Tepito el albur es contracultura y resistencia
En la primera reunión, realizada en la unidad Tezonco de esa universidad, la campeona de la especialidad, Lourdes Ruiz, rompió el mito de que es una práctica reservada a los hombres
Producciones Chiquito Medallas de Oro lleva a cabo un encuentro de albur en la Casa Talavera, recinto de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) ubicado en la calle Talavera esquina con República de El Salvador, colonia Merced, en el mero Centro Histórico.
Qué mejor lugar que el entrañable -y alburero- barrio de La Meche para realizar esta actividad lúdica -y lúbrica, si se quiere-, que promete dejar satisfecho al respetable.
Si no lo cree, ahí le va una probadita: este jueves se proyecta la película Mecánica Nacional a las 16 horas, con comentarios posteriores de Everardo Pillado y Guillermo Buigas.
El viernes, a las 17 horas tendrá lugar el mano a mano de albur De tu arte a mi arte, y más tarde cerrará con broche de oro el encuentro un bailongo en la cercana Plaza Aguilita, amenizado por la Internacional Danzonera México. Aproveche, la entrada es libre (y la salida también).
El albur en Tepito
El antecedente inmediato del encuentro alburero que se lleva en Casa Talavera es la mesa redonda que organizó la misma institución hace unas semanas en su campus San Lorenzo Tezonco, en Iztapalapa.
En esa ocasión quedó demostrado que el albur no sólo son peladeces, ingeniosos juegos de palabras o "el combate verbal hecho de alusiones obscenas y de doble sentido (...) en el que el vencido es el que no puede contestar" y "es poseído, violado, por el otro" (Octavio Paz, El laberinto de la soledad, Lecturas Mexicanas, pág. 35).
Este florido lenguaje también es contracultura y resistencia "para no ser domesticados por el sistema", afirmó el cronista del barrio de Tepito, Alfonso Hernández.
Para el también director del Centro de Estudios Tepiteños (CET) el lenguaje es uno de los elementos de identidad -cada vez más escasos- que conserva esta aguerrida zona ante el embate de la modernidad.
El ágil dominio de la lengua -sin doble sentido- que caracteriza a los tepiteños se evidenció en la mesa redonda, titulada El albur en Tepito, en la que blandieron lo mejor de su repertorio, además de Alfonso Hernández, otros destacados representantes de la cultura barrial.
Entre los ponentes estuvo la comerciante Lourdes Ruiz, quien rompió el mito de que el albur sólo es del dominio masculino, ya que ella es campeona invicta del Encuentro de Albureros que se realizó en el Museo de la Ciudad de México.
Pero además en la UACM Lourdes acabó con el escepticismo de los machines presentes, al recetarles algunas muestras de su picardía cuando se pidió que pasaran tres voluntarios para realizar un ejercicio lúdico, que no lúbrico. De manera significativa, solamente mujeres se atrevieron a pasar al frente. De un recipiente tenían que sacar un papel con una frase escrita y leerla en voz alta. Una de las voluntarias sacó un papelito y leyó la palabra chiquito, a lo que Lourdes acometió al instante: "A travieso no me ganas"... "Y a flojo menos".
Lo que todo alburero debe agarrar
Otro ponente, Víctor Hugo Rocha, distinguido miembro del CET, fue más a fondo al presentar la ponencia El albur y otros chorizos. Conocimiento que todo alburero debe agarrar.
Primero se remitió a los orígenes del albur, "cuando la necesidad de los mexicas de hablar delante de los conquistadores españoles hizo que desarrollaran códigos verbales de doble sentido".
Luego pidió no confundir el seudoalbur que se habla en la tele con el verdadero albur, al que definió como un chiste interactivo, "en el que no importa demostrar quién es más hombre, sino el componente intelectual que consiste en el dominio del lenguaje, donde gana quien tiene calma y contesta coherentemente, y pierde quien se traba al hablar y se queda como la jaula del pájaro: con el palo atravesado".
Aclaró que "a albures no compito, porque me comen", y hablando de comida mencionó, entre muchos otros postres, el "anís con pasas".
También se refirió a la categoría de análisis diferenciado "donde no es lo mismo Anita siéntate en la hamaca que Siéntate en la hamaca Anita", ni "pedir en una tienda un metro de encaje negro a que un negro te encaje un metro", aprovechando que se volvió a poner de moda Memín Pinguín.
Dentro del lenguaje alburero una palabra puede tener múltiples sentidos, explicó, pero lo más importante es fomentar estos ejercicios verbales para superar la pobreza en el habla, que lleva a muchos chavos al aburrido intercambio de "sí, güey, no güey, chale güey".
El moderador de la mesa, Ernesto Aréchiga, profesor de la UACM, rindió homenaje a Chava Flores como uno de los más célebres albureros, pero también mencionó los aportes en la materia de grandes pensadores mexicanos, como Samuel Ramos (en El perfil del hombre y la cultura en México y Octavio Paz (en la obra citada).
Sin embargo, Aréchiga consideró superada la idea de ambos pensadores en el sentido de que ese lenguaje sólo lo practican "los peladitos" en algunos ámbitos marginales de la sociedad.
Como muestra de que el albur inclusive ha llegado a la academia, enunció un clásico: "En ti me vengo pensando", porque "mi novia ya no es Virginia... ahora es Manuela", lo cual sorprendió hasta a los tepiteños, que comentaron: "tan seriecito que se veía el profe".
De nuevo se pidió que pasaran voluntarios al frente y otra vez pasaron sólo mujeres, lo que obligó a la campeona del albur a invitar a dos o tres varones a pasar "voluntariamente a güevo".
Luego intervino Primo Mendoza, cuentista de doble nacionalidad: tepiteño y de Neza, quien hizo justicia a Armando Jiménez, El Gallito Inglés (quítale la cola y los pies y verás lo que es) y a Armando Ramírez, el inspirado autor de la novela emblema de la literatura tepiteña: Chin Chin el teporocho, lo cual nos hizo recordar un diálogo en el que el protagonista replica sabiamente a su contrincante: "...qué dijiste, este chile empapas yo me lo embarro" (pág. 125).
Mendoza negó que en Tepis sólo se hable albur. "También se habla latín, latón y mascamos lámina", y de corolario nos la refrescó con el saludo: "¿En algotras ocasiones nos hemos visto?", sin que faltara la respuesta entre el público versado: "¡atravieso no me ganas!", y se le recordó que en sus años mozos fue "el chico temido de la vecindad".
A su vez, Lourdes reveló que el famoso sexto sentido femenino se adquiere cuando se pierde el quinto.
Duro de mascar
En su texículo Tepito, ese barrio chicoarote, Alfonso Hernández habló de la importancia de la memoria barrial para la sobrevivencia de esa comunidad, porque "aquí perder la memoria es como perder la sombra", y si los tepiteños se dejaran despojar de su lenguaje barrial, sostuvo, "estaríamos perdiendo lo último que nos queda: la identidad que nos hace ser como somos".
Para el cronista, Tepito es semejante al chicoarote, "una rarísima variedad de chile de árbol, de poco consumo porque al masticarse es más correoso que una charamusca".
Hernández dio su testimonio de que "acá, a partir del momento en que se tienen peleas en la coliseo se la tiene uno que aprender a rifar en todo y contra todos en este barrio macabrón, donde se crece, como en todos los barrios, entre la teta y el moco, las lágrimas y la caca, los besos y los coscorrones, las caricias y los pellizcos, el ándele cabrón. "¿Será por eso que siempre que me dicen cabrón me da sueño? Porque de chico todo era puro ¡Ya duérmase, cabrón!"
Los tepiteños, expresó, "excluidos de la sociedad, tenemos inclinación a la libertad de improvisar y reciclar informalmente todo aquello que mejor satisfaga nuestros antojos existenciales".
Por ello Tepito es la zona artesanal y comercial más concurrida y tecnificada de la ciudad; "si bien no es un barrio modelo, sí es ejemplar en su sobrevivencia", indicó.
El cronista barrial invitó al público a que "piquen, liquen y califiquen" que los tepiteños "no siempre revelamos por qué nos rebelamos frente a todo aquello que no nos deja ser lo que somos", y observó que pese a la mala fama que le han constuido algunos medios, "al obstinado barrio de Tepito nos siguen llegando estudiantes de todas las carreras para corroborar si es cierto que México sigue siendo el Tepito del mundo y Tepito la síntesis de lo mexicano".
A pesar de los aparatosos operativos policiacos, afirmó, actualmente como desde hace décadas medio México sigue acudiendo al tianguis de Tepis "en busca de ropa, zapatos, discos piratas, perfumes, yombina, tinta china, poper, pomadas, un armaño inflable (...) una grapa, un bazookazo, un arponazo, un putazo o para saber por dónde la rola Chin Chin el Teporocho".
Alfonso Hernández explicó que en el lenguaje tepiteño cada palabra y cada verbo implican rumbos y definiciones propias; mientras el caló es el compendio de claves donde cada cosa tiene otros nombres y significados -"por ejemplo, huevón puede ser un chavo flojo, o un chavo que tiene una morra que tiene las manos muy chiquitas"-, el albur es el juego de palabras con todos los sentidos posibles, hasta convertirlo en un alegre juego de ajedrez lingüístico. "Por ejemplo, siguiendo con los huevos: al escuchar la palabra huevos se puede decir sóplame este ojo, o me los chupas y me los dejas nuevos".
Calambur, categoría master
El calambur es más mandadito, se da entre masters de masters. Es el duelo verbal que no necesita llegar a las groserías, pero implica insospechados dobles y triples sentidos: con el mismo ejemplo de los huevos, "se diría que mis huevos son tus ojos, mis vellos tus pestañas y mis mocos tus lagañas".
Reflexionó que "así como hemos aprendido a construir el adentro y el afuera de Tepito más allá de sus límites geográficos, también hemos aprendido a no caber en el alfabeto ni en los textos académicos. Los tepiteños sabemos usar las palabras y todas las letras, y hasta podemos disimularnos en ellas cuando nos topamos con un burócrata o un político".
¡En la madre!
-¿Cómo vislumbra el futuro de Tepito y los proyectos para dignificarlo? -se le picó al cronista en la ronda de preguntas y respuestas.
Surtió efecto la picada (de cresta), y Alfonso Hernández replicó que Tepito desde sus orígenes ha sido un barrio modesto. Su nombre nahua, Mecalanilco, significa barrio de los mecapaleros (cargadores). Refirió que durante el sitio de Tenochtitlán ahí se atrincheró Cuauhtémoc durante 93 días, y esto hizo que el barrio cambiara de nombre, a Tepeteuhcan, que significa lugar donde comenzó la esclavitud.
Después Tepito fue de manera sucesiva "un miserable enclave colonial, el arrabal de la Ciudad de los Palacios, un lupanar metropolitano y ropero de los pobres".
Por ello, aseveró, eso de dignificar "nos preocupa. Ha habido proyectos al respecto, como el de una antropóloga que quería desarrollar estrategias terapéuticas y vivenciales para hacer de los tepiteños seres humanos más plenos. Puso un taller de salud donde quería estudiar el lenguaje y por qué los tepiteños éramos tan groseros. ¡En la madre!"
Ya encarrerado, el cronista de Tepito subrayó la vitalidad del barrio: tiene 50 mil habitantes y presenta la densidad poblacional más alta de las 35 colonias de la delegación Cuauhtémoc. La población tepiteña, advirtió, está conformada por dos tribus: "los chingones y los chingadores. Los primeros son los artesanos, los comerciantes buena onda, y los chingadores son los que le cobran a la clientela el impuesto a la ingenuidad. Si no sabes de perfumes, de ropa, de electrónica, de relojes, te la dejan irineo, pero también se consiguen las cosas más baratas de la ciudad".
Recordó que el terremoto de 1985 destruyó la mayoría de los talleres artesanales, y con ello mucho de la creatividad y la productividad tepiteñas, y el tianguis quedó como la principal bujía económica, pero "se ha ido pervirtiendo, porque es una economía cuya riqueza no se ancla en Tepito y nos hace muy vulnerables, porque somos dependientes de la ideología del mercado. Antes fue la invasión de la fayuca y hoy predomina la piratería, que ha empobrecido el comercio".
Hoy el barrio, reconoce, es un "laboratorio socioeconómico de la delincuencia, el narcotráfico, la corrupción y las nuevas leyes del mercado. Estamos librando una batalla muy importante, solos, porque casi nadie entiende lo que significa Tepito. Sin embargo, sigue siendo un barrio vivo, con una tribu aguerrida, que se distingue por su arraigo, identidad y cultura".
Esa combatividad se traduce en la proliferación de grupos culturales independientes.
Además del pionero Tepito Arte Acá, se encuentran los colectivos Los Olvidados, Tepito Crónico, La Hija de la Palanca y El Zahuán, entre otros que realizan una importante labor para enriquecer la identidad tepiteña.
Jueves 27 de octubre de 2005, Tomado de: http://www.jornada.unam.mx/2005/10/27/a14n1esp.php
Imágenes del polvo, cuentos de conocidos y no tan conocidos
Por Ricardo Medrano Torres
• 15 cuentistas de Neza integran esta antología mínima
• Compilación del poeta Porfirio García
• Literatura universal creada en Nezahualcóyotl
Hay gente tan olvidada
que ni siquiera tiene derecho
de que algo les acontezca.
Juan Rulfo
Breve introducción
A más de tres décadas de erección municipal, Nezahualcóyotl continúa, para algunos, siendo el paradigma de la jodidez, concepto tan desarrollado para mal en los años 70’s. El propio Fernando Benítez en su Viaje al Centro de México, cede ante el encanto de hablar del Neza de ese entonces.
Hoy, los habitantes de la tierra del coyote nos preocupamos por dar una nueva perspectiva de su situación. Muchos de los nacidos en los 70’s y otros un poco más gastadones, entre ellos el propio Emiliano Pérez Cruz o el Compilador del libro que nos ocupa, Porfirio García, coincidimos en que la realidad de Nezahualcóyotl es otra y que el muro de las lamentaciones está más allá de la calle 7, la av. Ignacio Zaragoza, las vías que nos dividen territorialmente del municipio de Los Reyes y la franja entre Ecatepec.
Muestra de ello es Imágenes del Polvo, libro de 173 páginas que incluye los trabajos de 15 narradores, zurcidos por García en un ánimo testimonial; es decir, el propio Porfirio reconoce en el prólogo de la publicación que esta antología mínima está integrada por “escritores de distintos estilos, de niveles distintos de preparación y oficio”. Y aunque poco importe para estos menesteres, cabría agregar lo señalado por el propio antologador, en relación a los extremos cronológicos de dos de los autores (Ana Luisa Calvillo 1970 y Octavio Amórtegui 1939).
Porfirio García percibe “un rico potencial” en las muestras (cuentos) y vaticina sin lugar a dudas que en años próximos el trabajo literario de los aquí presentados dará frutos de mayor nivel. Es preciso señalar que los extractos del prólogo fueron tomados de su primera edición que data del año 1997.
Tres nombres destacan del cúmulo de cuentos –treinta para ser precisos–, estos son Emiliano Pérez Cruz, Eduardo Villegas Guevara, Francisco Conde Ortega y Tomás Espinosa. Personajes conocidos en otras latitudes por su labor como literatos, que en algunos casos se combinó con la de periodistas.
En estos nombres no hay pierde, recordemos que Emiliano aparece en la clásica antología El cuento hispanoamericano de Seymouor Menton, y Villegas Guevara, por su parte, ha recibido un vasto número de premios nacionales. Amén de Conde Ortega –mejor conocido como poeta notable– y el fallecido un domingo 6 de septiembre de 1992, Tomás Espinosa, dramaturgo de excepcional factura. Este último, también recordado por García en la compilación Gestación en un sólo acto, tres dramaturgos necenses, cuyo año de edición coincide con Imágenes del Polvo (1997).
Los contenidos
Por otra parte, destacan los trabajos, en orden de relativa apreciación, de Ana Luisa Calvillo con su cuento Descansa en paz, en donde la violencia social traspasa sus umbrales y un judicial se torna de victimario a víctima de su propia descomposición, cuando su esposa, cansada de maltratos y abusos que se extienden hasta el pequeño hijo de la pareja, decide liquidar las cuentas y descansar en paz de su marido. “Te pido que te lleves a mi esposo, virgencita”, reza la abnegada ama de casa, pero la súplica no surte el efecto divino esperado, y ella tiene que hacerse justicia por su propia mano y por pistola ajena –la del marido– sin embargo, contrasta el remate del cuento: “Ya se fue tu papá, hijo, ya se fue”, dice con gozo y le agradece a la virgen del cuadro la infinita paz que por fin inunda su casa”. Frágil condición humana la del explosivo victimario que pasará a ser víctima del propio sistema que ella aceptó resignada durante mucho tiempo.
Suriel Martínez, es quizá uno de los autores más directos, diría descarnado. Sus personajes llevan al lector de la aparente paz a la sorpresa, al clímax extremo. Pero es de hacerse notar el uso de la primera persona en su texto Gélido amor, en donde el narrador hace una remembranza de los hechos que le condujeron a poner adornos en la frente ajena y comer bisteces de buey, sazonados con dos ingredientes importantes en estos casos: el crimen y el castigo. Finalmente, el pozole se quedará para otro día y la nota roja se recreará en un cuento impactante, que provocará en el lector una buena dosis de repugnancia y risa nerviosa.
Otros dos autores que llaman la atención son Javier Zavala y Raymundo Colín. El primero, con tres participaciones en esta antología mínima, advierte una cualidad: es un notable ambientador: “Cuando el sol cae y las luciérnagas con olor a hombres se encienden para desfilar por las calles donde transita, Angeles siente que la ausencia la toma del talle y le susurra al oído”. Este cuento de nombre Sin escape, es sin duda el que denota un mejor oficio del cuentista, recurriendo sólamente a los diálogos necesarios, mínimos, que contribuyen con el ritmo narrativo de la historia. Angeles, una fichera de equis congal de equis ciudad en equis país, siente el hastío de vivir y ni la noche ni la música ni la poesía del novio de juventud la reconfortan: es este cuento un continuo golpeteo: “Orale, pinche gorda. Vete a la chingada antes de que te demos en la madre. Ya sabes que aquí esos panchos no se hacen” y “Sin un día el sol decidiera dibujarse de niña, robaría la sonrisa de tu mirada y el brillo de tu boca”. Curiosamente las acciones se desarrollan en el ambiente nocturno de un congal y sus actores son piezas exactas que contribuyen al clima favorable de la lectura.
Finalmente, Colín nos presenta su Luna ampa, ambiente de fantasmas, añoranzas, pasiones, vacíos...Una muerte quieta, discreta, silenciosa, no llega a los ojos del narrador y personaje principal. Para él la ausencia de la mujer amada es un aullido a la luna ampa, es un beso prolongado, más allá de la vida, más allá de la muerte, es un amor sublime que ni los trenes arrollando autos pueden evitar.
Al mismo tiempo, en esta antología cohabitan los trabajos de Octavio Amórtegui, Juana Vázquez, Alfredo Escamilla, Adela Rodríguez, Primo Mendoza y Moreno Marín; distintos estilos y diferente temática, de quienes poco se ha sabido de su labor como cuentistas luego de la publicación de la presente antología.
Vayan pues, los mejores deseos para que trabajos como el presente, continúen configurando la literatura universal que hacen los nacidos o radicados en Nezahualcóyotl. Mis felicitaciones a Porfirio García por su labor de investigación y compilación, ya que en estos momentos, podemos decir que muchos de los autores considerados para sus antologías de cuento, poesía y teatro necense, son punto de referencia obligatorio, para un análisis de la literatura surgida en esta parte del estado de México.
Imágenes del polvo
Antología mínima del cuento necense
García Porfirio, compilador
Poetas en construcción, a.c.
Estado de México, 1999
173, págs.
Por excepción… cierta vez!
Libro de cuentos de Porfirio García
Presentar la obra de un compañero de letras tan cercano implica muchos riesgos, uno de ellos mirarla con ojos de condescendencia y hacerse el occiso como cuando en un vagón del metro una ñora va apaleando a un chavo banda, acusándolo de rata, de uña, de ladrón, juzgándolo por la sola apariencia।
Emplear tu tiempo en leer 29 cuentos y una novela, “Camarines” que siginifica algo así como cambiar de mujer y adquirir una sancho, quizá desconocido, en una noche loca de confusión y perdones mutuos con la esposa.
En este “Vagamundo” de ires y venires, la pirámide de la jodidez cada vez alcanza de manera más inmediata a los más indefensos. Porfirio nos remite al inframundo de las envidias, los robos y los chantajes sentimentales, entre un policía, dos vagabundos y un perro que come una hamburguesa.
Cuentos cortos como Cerjanía y Ego Sum, juegan con la tensión del lector sin mayor cometido y gran logro.
Rastreándolo es -y me atrevo a externar abiertamente mi gusto personal-, el cuento que denota más palpablemente el gusto de Porfirio por volver a sus cuentos, historias atractivas que contienen un alto grado de crítica social, acerca de ciertos hechos contemporáneos; es decir, a este autor, el compromiso le lleva hasta donde debe: hasta comprometer la obra con su entorno.
A Porfirio, vemos por su trabajo que le han dolido no menos que a cualquier otro mexicano o ser humano: la crisis económica, la globalización mundial, las matemáticas, el hambre, la soledad, la tiranía… Y sin lecciones morales se enfrasca en la aventura de abonar un género fértil que ofrece mayores posibilidades para exponer esas llagas comunes que algunos aguantamos estoicamente y otros, como Porfirio, gritamos para que alguien nos suture con hilo cañamo o cauterice con sal.
A estas alturas, vemos más convencido al García escritor de que el oficio de las letras puede alcanzar nuevas rutas, asumiendo de manera eficiente, y estrenando herramientas de cuentista, la tarea de vislumbrar la vida en toda su complejidad, riqueza y compromiso.
A nadie más que a Porfirio:
Un saco gris sobre su espalda le pude pesar todo el mundo, oler a desperdicio de ciudad y a carroña de casas insepultas.
Una mano de mujer puede iniciarle una tímida promesa por la espalda.
Lo puede convencer la enorme injusticia del planeta.
Puede tener hambre de planeta en celo.
Ahora, seguro que García estará pensando en reformar su frase de “Con poesía es mejor”, pues como el poeta que es: tatuado de inocencia en el minúsculo foco del asombro que nos muestra el mundo, cuantos géneros más te permitan expresarte, será mejor para él y para todos los que tenemos el gusto por degustar esta obra.
Bien por Porfirio। Bien por el escritor.
Por Ricardo Medrano Torres.
*Este texto tiene más de diez años
Las brujas
A las doce de la noche se escuchan los ruidos estomacales de las brujas, a quienes el hambre hace gruñir las tripas. A bordo de sus escobas van en busca de niños tiernos para extraerles la sangre de un mordisco en el cuello o bien en el brazo.
Las brujas no son viejas espantosas de cabellos largos y canos. Falso que algunas sean tuertas y que tengan narices más largas que sus dedos uñosos.
Siendo las doce las noche, estos seres se desprenden de sus atavíos de gente común y se transforman en híbridos, mitad animal y mitad mujer.
Un buen número de ellas tienen uno o varios esposos, estos suelen ser hombres entoloachados que sin chistar sirven a la mujer para cumplir con una imagen social. Ante los vecinos son mujeres respetables. Perfectas mujeres de éxito con estabilidad emocional y económica que conservan la apariencia disfrazando sus ausencias en el hogar conyugal con comisiones laborales de varios días.
Las brujas de hasta treinta años, en su gran mayoría, no tienen descendencia, aunque son cien por ciento fértiles. Después de los treinta se obsesionan con la idea de concebir. Totalmente neuróticas buscan a un macho para procrear. Guiadas por sus instintos, repiten experiencias sexuales con infinidad de prospectos, lo que las hace más infelices, pues comprueban que ninguno vale absolutamente la pena para la reproducción.
Tradicionalmente viven relaciones con personas de su mismo sexo, sin importar el grado de oscuridad que albergue su corazón. Una bruja puede lograr mayor grado de oscuridad en su corazón mientras más vieja y amargada sea. Mientras más maldiciones haya lanzado. Mientras más ruin haya sido, y mientras más convencida de la ruindad del mundo esté.
En algunos pueblos de América, aún puede vérseles surcar la noche convertidas en enormes bolas de fuego. Vuelan horizontalmente y se elevan de manera gradual. A la lejanía parecen luceros flotando parsimoniosamente, pero se ha calculado que vuelan a velocidades impresionantes.
A la hora de buscar su alimento son selectivas, porque mientras más tierno sea el pequeño, mayor será la proteína obtenida. Sus ayunos pueden durar varias semanas, hasta que la insoportable sed se apodera de ellas y se deshacen de sus ojos humanos, para esconderlos bajo el tibio fogón otrora cocedor de tortillas de maíz.
Algunos dicen que también se despojan de las piernas y de los brazos, y que los esconden en las copas altas de los árboles. Ahí los encargan a los tecolotes y a los cuervos. Desde la altura, toman impulso para ir en busca de la cena.
De día, las brujas poseen varias personalidades, pueden ser maestras de escuela, amas de casa, luchadoras sociales, líderes sindicales, esposas, meseras, dependientas, secretarias, comentaristas, taxistas, albañiles, afanadoras, enfermeras, amantes…
Son bellas con la luz del sol y se convierten en seres despreciables cuando las penumbras se posesionan de cada palmo de terreno en sus vidas. En las vecindades más miserables, las brujas se esconden tras el tinaco o bajo los lavaderos. Gustan del olor de la ropa sucia, de las “lentas lágrimas sucias” derramadas por las camisas alguna vez blancas.
Les fascina el olor a moho. Buscan impacientes los cacharros de los perros para degustar la fetidez de los restos de comida agria. Son impacientes, el pecho se les hincha hasta casi hacerles perder el resuello. Emiten una especie de cacareo ronco y silencioso, semejante al de una paloma-perro.
Las brujas miran con las cuencas vacías. Tras los ojos aparentes poseen unas membranas de un carmín casi negro, con ellas miran más allá de lo tangible. Tienen la habilidad de esculcar los sentimientos. Perciben el miedo, eso las excita. Miran el pasado. A quienes tienen la dicha de no morir bajo sus garras les maldicen contándoles detalles de su futuro —invariablemente encaminado hacia la muerte— esto los vuelve locos y los avejenta en poco tiempo.
Están perpetuamente enfermas de hiel y de ira. Ambas enfermedades sólo se combaten con el alimento que obtienen de los pequeños. La sangre infante es un elixir, cuya pureza va desapareciendo con los años. Mientras mayor sea el niño, las propiedades curativas irán desapareciendo, hasta volver la sangre un líquido sin la sustancia activa: la inocencia.
Una bruja que no ha tomado su “medicina”, inevitablemente padecerá la hiel y la ira y sus gesticulaciones se tornarán amargas. Emitirá gruñidos terribles. En el peor de los casos maldecirá. Los movimientos de sus manos revelarán que es una bruja y sus ojos se tornarán rojizos hasta lograr lágrimas pequeñas, que en realidad son hilos de hiel y de ira que la desbordan.
Las brujas que han decidido tener hijos, han encontrado una cadena de sedentarismo que las atará a un sitio. Su ambición por procrear las someterá al capricho del macho, con quien el brebaje a base de toloache no surtirá efecto. Seguirá siendo una bruja en esencia e intentará buscar amantes como en su época de soltera. Aún sin la seducción juvenil, la bruja encontrará ocasionalmente un macho para reformar su ánimo.
Muchas brujas, sin medir las consecuencias, le tomarán especial aprecio a algún macho amante y abandonarán al marido y a sus críos, liberándose de la atadura, deshaciéndose las crisis de hiel y de ira, para dar rienda suelta a su hambre, para nutrirse y volver a sentirse vivas hasta que la vejez las llame a cuentas.
Por Ricardo Medrano Torres
viernes, mayo 30, 2008
Te lo juro
Por Ricardo Medrano Torres
Te lo juro. Qué me gano si te miento. Es más: te lo juro por mi hija, que es a quien más quiero en el mundo. Por mi mujer ni te lo juro porque ya sabes que ni pa qué moverle, ella fue la que falló. Te lo juro. Lo acompañé al Centro, me dijo que iba al Eje Central a comprarse una chamarra. Dijo que un día antes –el lunes– le habían dado lo de su liquidación. Ya sabes que con lana todo se te hace fácil y a mí que ni me gusta la gorrita. Qué me apunto, pues me dijo que nos íbamos a echar unos tacos de tripa en la calle de Artículo. Iba yo bien puesto para los tacos y él bien puesto para comprar su chamarra. Es más, hasta me dijo de qué color la quería y que tenía botones dorados en los puños. También me dijo que si le sobraba una lana se compraría un reloj, un Citizen, de esos que “son de llamar la atención”.
Te lo juro. Nos fuimos como a las diez de la mañana. Yo nomás me había desayunado un café negro y me puse rápido los tenis; ni tiempo me dio de ponerme calcetines ni cambiarme de calzones. Nos fuimos en el Metro. A esa hora ya iba menos gente, no como cuando yo trabajaba en la calle de Perú: en la estación Zócalo seguido había madrazos porque la gente se molestaba por los empujones y las sobadas.
Total que íbamos a comprar la chamarra y a echarnos unos chiros tacos. Bueno, y si sobraba lana se iba a comprar un reloj de los que llaman la atención. Agarramos la calle de Dolores y en una esquina un tipo nos dio un volante de papel “Para el amor, contra las malas vibras y para tener dinero. Venga y nosotros le solucionamos su sufrimiento”. Eso decía el papel ese. Le dije que no le entráramos a ese choro, que fuéramos por la chamarra y luego a los tacuches. A mi ya se me hacía agua la boca nomás de imaginarme la salsa picosota y el limón exprimido sobre las tripas de mi tacote. Pero él traía la lana y quiso llegarle al domicilio que decía el papel. Le insistí varias veces, se lo juro, y él se puso necio y hasta me dijo: “total, si quieres regrésate”. La verdad yo si quería comerme unos tacuches y pensé que no nos tardaríamos mucho yendo al domicilio aquel, así que muy a güevo lo acompañé.
Pero te juro que yo ni quería, él fue quien insistió. Entonces llegamos al número que decía el papel. Era una casa muy vieja con una puerta pequeña de pintura blanca descascarada, llena de cabecitas de león bronceadas. Tocamos y salió un hombre con una bata blanca y los zapatos salpicados como de sangre. Ya desde ahí me dio mala espina y le volví a insistir que nos fuéramos, pero parecía que nada le asustaba, se sentía poderoso con la lana de su liquidación. Muy a mi pesar entramos y el hombre de la bata blanca nos dijo que esperáramos en una sala pequeña, en penumbras por los cristales opacos de las ventanas corredizas.
Nada de magias ni cosas de brujería ni plantas ni animales disecados ni bolas de cristal. Esto estaba más cahón, pero él insitía en seguir ahí y esperar. Le dije varias veces que eso de la suerte y el amor y la buen vibra son asuntos que nacen desde dentro, que todo depende de cómo quiera sentirse uno. Pero ni caso me hizo. Hasta hubo un momento en que se hizo que dormitaba y cerró los ojos, como para no verme ni oírme. Yo estaba muy asustado, pero me aguanté las ganas de largarme nomás porque me acordé de los tacos de tripa y de la salsa y del limoncito.
Como media hora después, salió el cuate ese de la bata blanca y dijo que podíamos pasar uno por uno. Él se puso de pie y me dejó solo en esa pinche sala oscura. Se lo juro. Sentí horrible, era como estar en la película esa del vampiro, como en un calabozo esperando que a uno lo saquen para darle torzón. Se lo juro que pasaron muchas horas. Cada minuto que pasaba, el encierro era más insoportable. Estaba desesperado y sudando frío, pero no podía dejarlo ahí abandonado y perderme mis tacos de tripa. Además, entre cuates eso no se hace.
Cuando creí que había esperado suficiente, me armé de valor y fui hasta la puerta por donde él había entrado. Muy despacio asomé la cabeza, adentro estaba oscuro, sólo un goteo se escuchaba. Cuando mis ojos se acostumbraron a la oscuridad, vi que del techo colgaba un bulto, me acerqué lentamente, con la camisa empapada de sudor y las piernas temblando. Entonces vi el cuerpo y reconocí la hebilla del cinturón que lo sujetaba de las vigas del techo. Le habían arrancado la cabeza y, justo debajo, una tinaja recolectaba la sangre que goteaba.
No pude gritar. Sólo recuerdo un golpe seco en la cabeza y otra vez la oscuridad. Te lo juro, no recuerdo más. Todo fue bien extraño. Te lo juro, él miente. Vi su cuerpo colgando de aquella cuerda atravesada sobre las vigas del techo. Lo vi desangrarse sobre una tina. Él me llevó a ese lugar. No es posible que ahora me acuse, yo no lo maté, yo ni conocía a ese hombre que dicen que era su patrón. Él me llevó ahí, se lo juro. Lo acompañé porque quería comerme unos tacos de tripa, con salsa picosa. Te lo juro, jefecito, te lo juro.
martes, mayo 13, 2008
Voyeur
Ricardo Medrano Torres
Me redondeo las uñas con los dientes,
la ventana me mira y se sonroja,
soy el mismo de siempre:
artista del latido,
experto en agonías,
en bocas de retrato.
Hoy quiero adivinar el vuelo de tus
ojos cuando mientes, el minúsculo
beso entre tus piernas y la callada
llama que me nombra.
martes, abril 22, 2008
La Gente sobre los chimecos verdes
Los chimecos son el símbolo rodante de Nezayork, la única forma de fugarse a la realidad del Distrito Federal rumbo a la chamba, a bordo de los lomos del transporte suburbano. Herederos de una época arribistamente frustrada por una era nezosoica no registrada en los anales de la historia oficial.
A bordo de un chimeco de piso resbaloso y olor a petróleo se hicieron planes para echarle los cimientos al terruño, para echarle láminas de cartón, de asbesto o galvanizadas al jacal donde dormía toda la raza. El chimeco es la efigie sagrada del Quetzalcóatl que regresa montado en su corcel hoy color verde, antes color mostaza.
Interiores rojos y azules por los frascos de crema, crean un ambiente macabramente fantástico. Olores a chemo, a chela, a activo que activa la sesera y ayuda a andar más trucha por la avenida Pantitlán, la Chimalhuacán o el Bordo de Xochiaca, para aventarse unas carreritas desbocando el corcel. Los choferes de los chimecos se hacen chiquitos de vez en cuando y le piden el camión al jefe para aventarse una vuelta y costearse el rocanrol del sábado por la noche.
El alma en pena deambula por las calles, “consorte de la muerte que se sube al mundo sin pagar boleto”, un chimeco se asolea y se dobla pero no se quiebra. ¡Que los jubilen! Piden a gritos miles de gentes que ya no aguantan sus estertores agónicos día a día, más notables en las noches cuando la raza llega a la casa, cansada y con ganas de un poco de calor humano de chimeco, de repegadas a cualquier morra de la secundaria o, de perdiz, a una señora desorientada. Un caldo de la gallinita a bordo de los interiores rojos o azules de un chimeco.
–Pinche lépero, agárreselas a su madre.
–Pinche vieja ni que estuviera tan buena.
–Lo que se pierde una vez ya no regresa como era.
–Bajan, cabrón. Me quieres llevar hasta tu casa.
–Pinche sordo.
–Súbetelos en el lomo.
–Ya no caben güey.
–Ya vámonos que no traje tortas.
Una señora gorda cobraba el pasaje con cara de huelemierda y te mentaba la madre a la menor provocación. Había cobradores flacos del grosor de una paleta de limón o de grosella. Cómo hace falta algo frío, para la sed que asfixia, que llena de vapores el cuerpo. El paletero expende su mercancía en una cajita de galletas forrada con hule y calcomanías de nenas en cueros.
Ah cómo les ruge la axila a los señores albañiles que cínicamente le echan el ojo a las muñecas despistadas, del tipo de toda estudiante de secretariado con computación, ejecutiva bilingüe, y anexas, que tiene que costearse los estudios particulares a expensas de sufrir, por ahorrar, manoseadas en chimeco, mezclando su perfume chafa, imitación de la copia copiada del aroma original, con los olores nefastos a orina de la puerta de bajada: baño privado del cobrador y del chofer mientras esperan su turno para salir del paradero con su chimeco, repleto de gente con cara de monedas de cincuenta centavos; antes justo es echarse una mi-ada-madrina.
–Para que no los ande comprando de a tres pesos, se los venimos ofreciendo por únicamente un peso. Un peso le vale, un peso le cuesta.
Oscuras son las historias en torno al símbolo rodante, el mentado chimeco, el mil veces mentado chimeco, mentado hasta su madre por los cerrones que les da a los autos compactos, a los cargueros, valiéndole sorbete, se clavan, se avientan con esa brutalidad de oruga verde citadina.
Chimecos que alguna vez fueron matadores de peatones, pues cuando por equis causa atropellaban a alguien, preferían echarse en reversa, pues salía más barato un muerto que un lisiado. Crispándole las vísceras al cristiano caído para evitar pagar una indemnización de por vida.
Chimecos que a galope devoraban avenidas negras, pavimentadas con tierra compacta a fuerza de múltiples tránsitos vehiculares. Polvo de desesperanza que tragaba la lengua a nuestros antepasados, primeros pobladores de Neza; mordidas de sol quemante.
En Nezahualcóyotl, la vida sigue su curso y los chimecos son condenados a emigrar a colonias cada vez más inhóspitas y polvorientas, detrás del arco iris, junto a su chofer hediondo de playera sudada y mugrienta; sus aceleradores en forma de planta de pie desnudo y sus innumerables marcas automotrices adheridas a su tablero-camarote.
Quizá en un futuro no muy lejano los chimecos sean pieza de museo en algún lugar del mundo o en la misma Neza y en sonido Hi fi se reproduzca su estertor agónico y ensordecedor, para mostrar a la humanidad de siglos posteriores que en algún lugar hubo una comunidad de personas que se atrevieron a surcar la vida a bordo de un corcel, primero amarillo y luego verde, y se enfrentaron al monstruo capiruchesco a punta de empujones, de mentadas, de torteadas, de olores a caguama, a chemo, a orina. Miradas tímidas y miedosas de estudiantes de secretariado bilingue con computación, hotelería y turismo con el nombre del descubridor de la penicilina. Gritos de pasajeros que esperaban acelerar la marcha con golpes a las desvencijadas láminas del camión. Difuntos que claman venganza contra las llantas ya muy rodadas de un chimeco asesino. Niños que en el futuro compararán a los chimecos con los planeadores de los hermanos Wright.....
–¡Pásele para atrás por el amor de Dios!
Por Ricardo Medrano Torres
martes, abril 08, 2008
Padre padruco
Siempre bueno para eso de la conquista, Padruco llevó por segundo nombre mientras en una oficina burocrática prestó servicios profesionales. Bajo de estatura y bigote multiaguja, Padruco gustaba de féminas entradas en carnes, frondositas, llenitas de vida, como recién comiditas. Parecía decir “para que sienta el cuerpo lo que recibe”.
Padruco tiene familia, pero una canita al aire no se le niega a nadie, menos a una damisela de buen kilataje, diamante en bruto en labores de oficina, secretaria, cancerbera del jefe; más fiel que una nación con un pontífice.
Padruco la eligió de entre la tropa por sus prominentes habilidades. Ninfa del bosque, gustaba de cereal y miel a la hora en que gallo y tren se juntan en un solo tronido, el de las patas de la cama. Amor de cereal y miel, previo acuerdo vía correo electrónico. Amor privado del dominio público. Amor de comisión laboral. Amor capaz de celar al prohibido, al ajeno, al Padruco que no se daba abasto con múltiples faenas; porque en eso de cacarear en gallinero prestado, sólo Padruco era líder y ejemplo: compañeras de oficina, amas de casa descuidadas por el marido, novias con ganas de seguir probando de otros panales.
Padruco y Ninfa, ya en la intimidad, derraman hilos de miel que encienden el pubis de la bella y el pecho de él. Deshojan pasión cuando a hurtadillas escapan de la oficina para soltar el nudo a la apariencia. “Chinguen a su madre. Qué les importa la vida ajena”, parecían decir la Dulcinea y aquel caballero fino de andar y noble corcel de cuatro llantas enfilados hacia un cinco letras de Azcapo, de Tlalpan, de la Tabacalera.
Pero nada es eterno y el demonio introdujo su larga cola pelada e incendiaria। Padruco en peligro, Padruco exhibido, Padruco puesto por mano extraña que hiciere llegar documentos privados a marido enfurecido. Padruco único para eso del florete, porque en el esgrima y el amor todo se vale. Padruco salió airoso cuando el de la cornamenta amenazó su integridad una noche de luna llena y cuchillos tronantes. Más de una hora para enfrentar la afrenta en lid verbal y faena de convencimiento al que deseaba convencerse, asirse de lo inasible, porque en eso del amor robado, pasión mata por pasión, y total que pura muerte. Sin embargo, Padruco librola bien y cornudo llevose buena impresión del compañero de faena de su dama, que buen defensor de la honorabilidad de aquella, desafanó los afanes criminales de su enferma sesera celosa y panteonera. Saliose convencido de que los rumores fueron meros infundios y volvió a la tranquilidad del sepulcro marital a disfrutar de astas más afiladas, pero alicateadas con la fina lima de la palabra de Padruco grande, Padruco líder, Padruco único en eso de hermanar fluidos corporales con damas desatendidas de frondosas humanidades y curvas muuuy pronunciadas. Porque en eso del amor por kilo, Padruco sigue siendo único.
Por Ricardo Medrano Torres
Total, ya estaba muerto
A chupar que el mundo se va a acabar. No queda más remedio que beber para ahogar penas, porque con pan y alcohol son más buenas. Dice Pancho mientras empina el codo y “hasta no verte Espíritu Santo”. Cansado de las riñas con su mujer y de su infidelidad con el carnicero, decidió exiliarse un tiempo en Guadalajara. Pidió su liquidación en la empresa de telefonía y disfrutó de la vida por dos placenteros meses. Una vez terminado el capital, vagó durante quince días y durmió en la banca de un jardín público, hasta que en un atraco le quitaron la cartera con el último billete de veinte pesos. Como pudo, logró reunir dinero suficiente para regresar a la Ciudad de México, a su hogar y a la rutina. Al llegar a su domicilio, desde la puerta vio un ataúd en pleno patio y sus respectivos cuatro cirios.
—Quién se murió —preguntó a un desconocido que hacía las veces de portero.
—Pues el dueño de la casa. Dicen que lo atropelló un autobús y lo dejó irreconocible. Lo identificaron por la credencial de elector —respondió el hombre.
Sorprendido, no se atrevió a entrar. Vio a su mujer y a sus hijas que, sin manifestar tristeza, repartían café y pan de dulce a la concurrencia. Le dio pena arruinar el momento. Se dio cuenta de su suerte y decidió morirse para siempre. Regresar a Guadalajara era la mejor opción. Total, él ya estaba muerto y mañana, seguramente, lo enterrarían para siempre.
Por Ricardo Medrano Torres
Buenas noticias
Gentil Ricardo, esto es tu horóscopo para Viernes 14 Noviembre:
Cáncer, tendrás un pequeño problema físico, ten cuidado con el estómago y la alimentación. En el ámbito laboral, tu ritmo no coincide con el de tu empresa, con lo cual intenta adecuarte y moverte. En el ámbito afectivo, recibirás una noticia que te alegrará.
P.D.
Cáncer, además de tu signo, es el pequeño problema físico que tendrás en el colon. El ritmo de tu empresa no coincide con el tuyo. El gobierno federal anuncia un despido masivo. ¡Muévete a buscar chamba! La noticia que te alegrará en el ámbito afectivo es que tu amante y tu esposa ya se conocieron, por lo tanto, te librarás de dos cargas económicas, pues ninguna está dispuesta a seguir compartiéndote (ni que estuvieras tan bueno). Finalmente, esta es la última ocasión en que recibes tu horóscopo, pues tu membresía se cancela por falta de pago.
Por Ricardo Medrano Torres
Mary
A las cero horas del 19 de enero murió María, Mary la llamábamos de cariño। Hacía tres años que había llegado a vivir con nosotros. Fue compañera de trabajo de mi abuela en un restaurante donde ambas fueron meseras durante más de quince años. Mary nunca se casó, decía que había salido “vana para la paridera”. En su velorio conocimos a sus hermanas. El 20 de enero la sepultamos. Al regreso del sepelio, las hermanas pidieron entrar al cuarto que en vida ocupara la difunta. Durante una hora voltearon de cabeza las cosas personales de Mary. Salieron muy molestas de la casa, sin siquiera despedirse. Nunca volvimos a saber de ellas. Tiempo después supimos que entre sus pertenencias había algunas joyas de mediano valor que la abuela se encargó de resguardar y, posteriormente, vender para cubrir los gastos del traslado de los restos de Mary, ocho años después, a la cripta familiar. María sigue viva en nuestra memoria. La recuerdo mientras leo una revista sentado en el inodoro. El humo del cigarro me provoca tos. Mary murió asfixiada. Más de treinta y cinco años fumando le cerraron el paso del aire hacia los pulmones. Yo por eso no guardo joyas, no me gustaría que alguien peleara por mis pertenencias cuando muera.
Ricardo Medrano Torres
Directo al cielo
En la vecindad todos la conocían, le daban el paso, la saludaban efusivamente o simplemente le sonreían. En otro tiempo, mujer de cabello negro, ojos vivos como una braza de carbón y sonrisa de colegiala. Madre del chavo problema de la colonia y a la postre judicial mala entraña, nadie se metía con ella. Tocaron a su puerta y sin decir palabra les permitió el paso. Paredes descascaradas y salitrosas color rosa mexicano. La humedad devoraba el rostro de Jesús y deformaba la expresión de Judas en un póster con la imagen de la última cena. Objetos y muebles apilados: una repisa de madera hacía las veces de altar y en él la imagen de San Martín Caballero y su noble corcel reivindicaban su papel como proveedor celestial de trabajo. Una jarra de plástico, a manera de florero, mantenía fresca la alfalfa para el caballo. La vieja les dio la espalda.
—Qué fácil sería darle matanga con toda la merca —le dijo muy quedito el Roñas al Muerto.
—Qué fácil sería que nos diera en la madre su hijo —le contestó bajito el de apodo de difunto y le hizo la seña de que se guardara sus pendejos comentarios.
Antes de entregarles las “grapas” les extendió la mano. Le dieron los billetes, checó que no fueran falsos: pagaron y recibieron lo suyo. Afuera ya los esperaba la policía. Ninguna molestia para el establecimiento ni para la propietaria. Los treparon al carro. “Qué dijeron, de aquí, directo al cielo” —les dijo burlonamente el judicial que conducía.
Por Ricardo Medrano Torres
viernes, febrero 29, 2008
Senderos laterales de Villegas
En el auditorio cuatro del Palacio de Minería, en el marco de la XXIX Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, siendo las 15:00 hrs. Del 28 de febrero se presentó el Libro LOS SENDEROS LATERALES, del maestro Eduardo Villegas Guevara, presentaron Eduardo Cerecedo Pérez y Sergio García Díaz. La Lectura estuvo a cargo de Joel Paredes González. Edición del Instituto Mexiquense de Cultura/ Cofradía de coyotes. Entre los asistentes de la familia necense estuvieron Emiliano Pérez Cruz, Alberto Vargas Iturbe y un servidor, amén de distinguidas personalidades del mundo cultural de la ciudad de México y estados circunvecinos. Durante el evento se entregó un reconocimiento al autor de parte del municipio de Chalco Solidaridad.
jueves, febrero 28, 2008
se hace tarde
hace un tiempo de perros en este rincón de la ciudadlas piernas obligadas exigen una pena que sanarexigen una risa centelleante, cuando ni dios alcanzapara mover al mundo. se acaban los cigarros y sólo hay pan y besos,atolondrados besos ateridos de tanto andar buscando la boca exacta,la boca del millón de excomuniones. te tengo como quien tiene un billete de lotería,alegato inútil para quien ha asegurado su cadalzo. cada mirada tuya esgrime el corazón,una llama punzocortante al mediodía.cada sonrisa tuya tiene una pena inconfesable,una brisa de culpa y desmemoria. aquí me tienes esperando, sólo esperando.con mi vejez de pétalos, con mis ganas de andarlo nunca andado. aquí me tienes. si tienes el valor rodéame de besos,tiéntame el corazón para volver los domingos al sermón de tu cuerpo.
y tú y yo
y una boca y un pubis
boscoso y fresco como fruta olorosa
y una mano tendida donde germinan sueños
y una espalda y un medio cuerpo
y una cara, el cabello y los ojos
abiertos como carta medio escrita.
y la tarde cayendo entre nosotros
y la ventana ciega
y tú y yo sin nosotros
a punto de querernos,
tan lejos y tan cerca
y el agua en el estómago
y yo que sólo quiero mirarte,
estudiarte como a una mariposa aguijoneada.
y tú que mientes, y tú con tus verdades
y yo a medias cumpliendo voluntades de la carne.
y tú y yo, los dos, como en una infusión,
trasfundidos, sintiendo, atando cabos y caballos
y tú con tus imágenes de santidad a medias
y yo reptando en ti, saliendo de tu casa que es tu cuerpo
y jugueteando con tus puertas de carne que permite.
y tú y yo, los dos, sin ambos y sin nadie
subiendo los telones, recibiendo el aplauso de la risa
matándonos a veces por carecer de ambos.
ricardo medrano torres
abril de 2007
Rolas, arte y café en Neza
Cafe bar Rockatitlan (Av. Adolfo López Mateos N° 480 col. Agua Azul), estamos promoviendo el arte y a los artistas de neza con la exposición del artista plástico Roberto Zaldívar que estará abierta durante 30 días. Trova jueves y domingo (además de rock en vivo viernes y sábado). Domingo 28 de febrero, trova con Francisco Conde. De 20:00 a 23:00 hrs.
Información enviada por Verónica Moreno, editora de Coyotearte.
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